Friday, June 30, 2006


El atardecer estival había comenzado a envolver el mundo en su misterioso abrazo. Allá lejos, al oeste, se ponía el sol, y el último fulgor del demasiado fugaz día se demoraba amorosamente sobre el sol y la playa, sobre el altivo promontorio del querido y viejo Howth, perenne custodio de las aguas de la bahía, sobre las rocas cubiertas de algas, a lo largo de la orilla de Sandymount, y en el último, pero no menos importante lugar, sobre la apacible iglesia de donde brotaban a veces, entre la calma, la voz de la plegaria a aquella, que en su puro fulgor es faro sempiterno para el corazón del hombre , sacudido por las tormentas.


Ullyses (James Joyce)
Playa de Sandycove. Dublín. Irlanda.